Septiembre 2012
-Escuché que andas preocupada, con preguntas- dijo su hermano
-¿Preguntas? ¿A qué te refieres?
-Preguntas sobre tu pasado
Silencio, sorbo de café.
-Sólo busco algunas respuestas, pero creo que es en vano- dijo ella
Él no contestó. Sorbo de café, silencio de nuevo.
-¿Por qué lo dices?- insistió
No hubo palabras, pero sus ojos contestaron por él; ella prosiguió
-No encuentro quién pueda contarme la historia de mis heridas, esa que ni yo me sé.
-Yo puedo.
Silencio. Impaciencia. Ella volvió a insistir.
-Cuéntame, por favor
-¿Qué quieres saber?
Silencio. Dudas. Sorbo de café
-Esas noches de tormento, imágenes borrosas de cosas que no recuerdo bien, imágenes que parecen inventadas, eso que tanto temo sea verdad... ¿Sucedió realmente?
Silencio otra vez, sorbo de café.
-Sí- dijo él finalmente
Silencio. Sorbo de café. Silencio otra vez.
-¿Quién fue?
Silencio. Sin sorbo de café. Impaciencia. Dudas. Silencio otra vez.
-¡¿Quién fue?! - dijo temblorosa. En su voz se evidenció ira y miedo.
Sorbo de café. Impaciencia. Él respondió:
-Dentro de quienes no olvidan, sólo quién hubiera estado presente podría saber qué ocurrió.
-¿Y qué es de aquel que no olvida y estuvo presente?
-Sabe y recuerda.
-¿Y cómo sabés vos?
Silencio. Sorbo de café, más silencio.
Quiebre.
Ella se paralizó.
No fueron sus palabras las que confirmaron aquello que temía, sino los silencios que las precedieron; fueron éstos, los silencios, quienes más respuestas le dieron.
Él no respondió. Se levantó de la mesa y sin decir más, salió.
Silencio aún. Sorbo de café. Quiebre. Sorbo de café. Silencio otra vez.
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