Septiembre 2012
Su voz no tenía rastro de timidez. Las palabras salían precisas y sutiles de sus labios y sin darme cuenta me encontré frente a ella, deshaciendo las capas de mi ser.
De alguna forma había logrado susurrarle a mi mente y corazón frases que poco a poco fueron desabotonando mi camisa, para sentir las mangas resbalando por mis hombres y escapando por mis brazos y espalda hasta caer sigilosamente en el suelo. Mientras más la escuchaba, más podía sentir cómo mis latidos aceleraban, y sentí el cinturón aflojándose que daba paso al ruido del cierre abriéndose, y otra prenda cayó al suelo. Sentí lo que me quedaba de ropa esfumarse cuando se produjo un silencio. La caricia de su lengua en el aire, entre suave y desgarradora, se había llevado todas mis prendas y me vi a mí misma desde afuera, vulnerable, desnuda hasta el alma.
Es un arte común para ella, desnudar hasta los huesos con palabras, y es que la astrología lee lo profundo en las miradas.
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