Enero 2013


En un valle donde los pájaros nunca dejan de pintar el cielo, una máquina se encarga de darle cuerda al tiempo. Una máquina controlada, no por las aves, sino por sus alas y danzas con el viento. Pero por cada instante que el tiempo se detiene y se vuelve eterno, el eco de un trino susurra el secreto de un pájaro que, en algún lugar del valle, detuvo su vuelo.

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