En un valle donde los pájaros nunca dejan de pintar el cielo, una máquina se encarga de darle cuerda al tiempo. Una máquina controlada, no por las aves, sino por sus alas y danzas con el viento. Pero por cada instante que el tiempo se detiene y se vuelve eterno, el eco de un trino susurra el secreto de un pájaro que, en algún lugar del valle, detuvo su vuelo.
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